Enfermería

Intervenciones realizadas por Paulo Cacais

Intervenciones realizadas por Juan Carlos Estudillo

Intervenciones realizadas por Ignacio Llamas

Intervenciones conjuntas: Cacais y Llamas

Intervenciones conjuntas: Estudillo y Llamas


Enfermería

Durante el año 2020 tuvimos la oportunidad de trabajar en un espacio singular; En esta ocasión Ignacio Llamas, Juan Carlos Estudillo y Paulo Cacais unimos nuestras obras, nuestros conocimientos y nuestras sensibilidades para dar vida a una experiencia expositiva que ocupara el antiguo edificio de enfermería de la Fábrica de armas de Toledo, hoy sede de la Universidad de Castilla la Mancha.

En nuestra práctica artística habitual asumimos indispensable el diálogo de la obra con el espacio, con la arquitectura, con su historia, y cómo ésta va a condicionar al espectador. Sólo en contadas ocasiones, ocurre que espacio y obra se unan como una sola pieza; que el continente, el marco o la peana sean parte indisoluble de la experiencia expositiva y del hecho artístico.

El edificio de enfermería tenía los elementos necesarios para atraer toda la atención, por encima de la propuesta expositiva, tal era su fuerza que podría hacer fracasar los mejores intentos de habitarlo con nuestras piezas. La decadencia de un espacio en ruínas, con multitud de elementos históricos de medicina, las salas amplias y luminosas tomadas por gatos y palomas; cabría decir que tuvimos que afrontar este espacio, luchar hasta adaptarlo a nuestras necesidades, pero no fue así. Sentir cada espacio, observar y escucharlo, tratar de comprender su esencia fue clave para poder trabajar con ellos.

A pesar de transportar obra a este espacio, fue inevitable incorporar elementos propios del complejo, que a su vez vinculan las piezas resultantes a la propia historia de la fábrica. Como nos pasa tantas veces, el empeño por hacer funcionar una pieza termina en frustración, pero cuando la construcción de la pieza fluye, cuando se da ese fenómeno que unos llamamos intuición y otros inspiración, lo que resulta es el objeto artístico. Quizás las buenas piezas no necesitan empeño, sólo atención para entender cuáles son sus necesidades.

Así, fuimos ocupando espacios con piezas que permanecían unas semanas, unos días o tan solo unas horas, para ser desmontadas y dejar espacio a nuevas propuestas. Hubo un baile de obras y de espacios, juegos de luces y sombras, puesto que el fundamento del proyecto era la libertad, sin fecha de inauguración, sin previsión de visitas, sin más objetivo que experimentar.

Con el transcurso de los meses el trabajo estuvo entrecortado por confinamiento y limitaciones de circulación, aprovechamos cada ventana de tiempo que teníamos permitido para viajar y trabajar en enfermería, y las semanas de encierro para reflexionar y preparar piezas en casa.

Paulatinamente las piezas de unos y otros, antes independientes, empezaron a compartir lugar y discurso; progresivamente se dibujó un recorrido por las dos plantas del edificio, dónde cada pieza conducía a la siguiente. El espacio pasó a ser parte de la entidad de cada pieza y las piezas, a su vez, dependientes del espacio. Se desdibujó la línea que separa la obra de su contenedor hasta lograr la armonía.

A partir de las bases de la Comunión Artística, durante este proceso de experimentación hubo espacio y libertad para generar interferencias en las obras de los compañeros, ya fuera en su instalación o en la incorporación de elementos. También se generaron nuevas piezas de autoría compartida, a partir de obra ya existente, piezas que al sumarse se resignifican y crecían, demostrándose una vez más que, en ocasiones, dos más dos son cinco.

Lograr la armonía entre espacio y obra, o incluso la misma comunión artística, por supuesto no se dio en todas las habitaciones del edificio, ni todas las obras fueron abrazadas por la atmósfera del lugar; algunas que nos parecieran grandes ideas, acabaron desmontadas y guardadas, muchos materiales no tuvieron la oportunidad de salir del almacén. Pero cada derrota es maestra de futuro.

Finalmente, decidimos invitar a algunas personas cercanas, mayoritariamente compañeras y compañeros de LabCA a hacer el recorrido por el edificio que comenzando en la planta baja con las piedras ocres de Juan Carlos en diálogo con la tierra del propio lugar y con los vidrios de Ignacio generando espejismos que se confunden con transparencias. En el centro de una habitación un corazón mineral reposando sobre cajas de munición. Ya arriba, un largo pasillo cortado longitudinalmente por la pieza Vaciamientos termina en una fotografía de la serie Ezequiel, resignificando ambas piezas y el propio espacio. Finalmente, un enorme espacio vacío acoge en un extremo la pieza Cenizas, acariciada por un hilo de luz.