Escribir desde la Comunión Artística
Una oportunidad para el encuentro entre crítica y creadores
Con motivo de una de mis exposiciones, la revista digital La Línea Amarilla publicó un artículo sobre mi trabajo. A partir de ese momento se inició un intercambio que nos permitió conocernos mutuamente.
La publicación, con una clara vocación de servicio a la cultura, ha centrado gran parte de su actividad en el ámbito de la literatura y el mundo editorial, aunque estando siempre abierta hacia otros territorios de la creación. En ese contexto, y teniendo en cuenta mi práctica artística y mi formación como historiador del arte, surgió la propuesta de iniciar una colaboración dedicada a las artes visuales, dado que la escritura y la reflexión teórica no me son ajenas.
En aquel momento coincidía la inauguración de la exposición de Ignacio Llamas, De lo demás se ocupará el olvido, en el Museo de los Molinos del Río Segura de Murcia. La profunda comunión artística que desde hace años mantengo con Ignacio —tanto en los procesos creativos como, en ocasiones, en la resolución de obras o exposiciones— convirtió esa circunstancia en el punto de partida idóneo. Pronto aquella propuesta inicial se transformó en la invitación a desarrollar una colaboración periódica.
Me concedieron total libertad para elegir los temas, los artistas o el tipo de manifestación artística sobre los que escribir. Esto me permite abordar este proyecto desde la perspectiva de la comunión artística. De hecho, uno de los motivos por los que me parece especialmente interesante es porque me facilita un espacio de encuentro con otros artistas.
En algunos casos se trata de creadores con los que ya existe previamente una relación de comunión artística, como en el artículo ya mencionado sobre Ignacio Llamas o el dedicado a Susana Arce, “La urdimbre del tiempo”. En otros casos, en cambio, la escritura se convierte en una oportunidad para iniciar procesos de comunión, como ha sucedido con Luis Alves “Dejarse contaminar” o Sara Quintero “En los márgenes”.
Efectivamente escribir sobre un artista o sobre una exposición abre la puerta a procesos propios de la comunión artística: conocer la obra del otro, escuchar con profundidad, acoger su trabajo como si fuera propio, intentar vaciarme de prejuicios o gustos personales para que el otro pueda expresarse plenamente, procurar el máximo rigor al interpretar y transmitir el mundo del autor, acompañar e impulsar su trabajo y su vocación, y contribuir a visibilizar su obra.
Agustín Laguna